jueves, 9 de mayo de 2013

SERGIO COLADO | 08/05/2013

El malestar y la frustración de la sociedad crecen ante una realidad económica que no deja de degradarse para el común de los ciudadanos, pero en un mundo con diferentes centros de poder y de decisión a veces deliberadamente opacos, no siempre está claro a quién dirigirse.
Jorge Verstrynge, profesor de Ciencias Políticas y exsecretario general de Alianza Popular que abandonó la formación de Fraga y transitó de la derecha a la izquierda, aborda estas cuestiones en su libro ‘Contra quiénes luchar’ (Editorial Península), que ha presentado este miércoles con una charla-coloquio en el Centro Cultural Blanquerna de Madrid. ¿Contra quienes luchar? Algunos lo tenemos claro ¡Contra todos! Hay que pasar la vida luchando contra todo y contra todos y disparando a todo lo que se menea. Los que no viven luchando viven llorando o están en babia.
Una “jauría” sin contrapesos
Verstrynge ha alertado de los políticos que ocultan “cómo obran en beneficio de los detentadores de dinero, de la gran banca” así como de la opacidad de las instituciones, “empezando por la Comisión Europea” que decide a puerta cerrada sobre millones de ciudadanos. Ha advertido insistentemente contra el creciente abismo entre ricos y pobres con una democracia que no es tal: “No hay democracia aquí ni prácticamente en ningún sitio -apuntó en el lado positivo que el criticado Hugo Chávez sí se sometió a un referéndum revocatorio- porque democracia es poder para y por el pueblo”. Y el sistema está al servicio de los poderes financieros a través de una casta política que llama “jauría”, sin cauces para el contrapeso ciudadano. Ahora disponemos de herramientas para cagarnos en el sistema y si no conseguimos derrotarlo, por lo menos conseguiremos que huelan a mierda. Al menos estamos consiguiendo que les dé vergüenza salir a la calle a cara descubierta. Son como conejos en su madriguera. Huyen de los periodistas a la carrera.
Depauperación que viene de lejos
El politólogo ha enmarcado la depauperación actual a la globalización anterior al crack financiero, cuando se deslocalizaron empresas en Occidente para producir con costes mucho más bajos en países sin derechos laborales y con salarios de miseria, contra los que es imposible competir, instando por tanto a una “desmundialización” del libre comercio. Los recortes salariales acabaron llegando irremisiblemente a Europa y la deuda fue el mecanismo para mantener el consumo, mientras que los capitales se movían libremente por todo el mundo sin restricciones en busca de los mayores rendimientos inmediatos. Los gobernantes europeos y americanos lo vieron venir hace muchos años pero a los poderosos nunca les gustó la solución correcta sino que aprovecharon la ocasión para darle palo a los trabajadores que estaban consiguiendo demasiados beneficios y era bueno poner de rodillas a los asalariados.
La solución correcta hubiera sido ayudar a los países en vías de desarrollo para que sus obreros consiguieran los mismos beneficios que los occidentales y no hubieran llenado el mundo de productos "todo a cien" basados en la exclavitud de sus ciudadanos. A igual trabajo, igual salario en todo el mundo.
Situación inflamable
Frente a esta situación, Verstrynge citó a Montesquieu para insistir en que el poder sólo puede ser detenido con el poder, pero ahora los tres poderes, ejecutivo, legislativo y judicial -salvo “encomiables excepciones” en el último caso- están “en manos de la jauría” y “el único contrapoder posible es la calle, la protesta”. En este sentido aludió a los escraches contra los desahucios -le han multado e imputado por participar en uno- porque sirve para “señalar responsables e instarles a rectificar”. Instó a protestar, resistir y en último lugar a rebelarse, y en el momento del coloquio se pusieron sobre la mesa medidas de presión como “huelgas de consumo”. Cree asimismo que en el Gobierno están alterados ante el desasosiego social y de ahí la movilización policial permanente, pero “hasta los antidisturbios están cansados y dos de cada cinco han pedido el traslado”. Advierte de que el paro podría llegar hasta los siete millones y caminamos hacia un “genocidio laboral”, así como que en ese contexto si se produce cualquier incidente en las protestas la llama puede prender. Si la llama prende, que no cuenten conmigo de bombero. No tengo edad ni salud para apoyar fisicamente las protestas pero sí me alegraré cuando a algunos se les queme la barba o el bigote. Al fin de los tiempos son carne de infierno como su propia religión nos enseña.
El ‘discurso oculto’ que ya no es tal
En cuanto a la ‘desimputación’ de la infanta Cristina, Verstrynge apunta que puede tener consecuencias para la Corona porque “la gente ya no aguanta” y las críticas son ahora imparables. En ese sentido recordó que en sociología existe el concepto de “discurso oculto” que sale a la luz cuando se percibe que el poder se tambalea o ha caído. Los hijos de los ricos y poderosos piensan que sus padres hicieron fortuna trabajando. Las esposas no saben nada de lo que hacen sus maridos y los jueces más clásicos se las imaginan haciendo la comida y cuidando de los niños. Algunos jueces ultracatólicos están de acuerdo con su religión que considera a las mujeres como seres inferiores.
Algunas mujeres se sienten así más protegidas y menos culpables cuando ocurre algo desagradable.

En rojo, los comentarios de Isamo

No hay comentarios: