Ahora pretenden que “pacto” es la palabra mágica, la purga de Benito; parece que basta con pactar para que salgamos de la crisis, baje el desempleo y vuelva la sociedad del (medio)bienestar que teníamos. Pactar creen ellos que tiene tan buena prensa que todos, del rey abajo, se apresuran a manifestar su buena voluntad para llegar a acuerdos. La realidad que muchas personas de izquierdas no queremos ningún tipo de pacto con los culpables de la crisis y de gestionarla de manera tan desastrosa. En este momento no cabe más pacto que uno que estableciera las bases para una ruptura con lo existente y defendiera una vuelta a las políticas de izquierdas; uno que defendiera un cambio radical no sólo en las políticas que se vienen haciendo, sino también en los discursos (en el relato) y en los comportamientos públicos.
Si el PSOE pactara ahora con el gobierno del Partido Popular eso sólo vendría a demostrar que son intercambiables, que no hay diferencia ideológica entre ellos sino, si acaso –como dicen los enemigos de lo político- diferencias de gestión que pueden obviarse si se pone buena voluntad. Lo último que queremos los y las votantes de izquierdas es un pacto con la derecha para legitimar las políticas de derechas y para contribuir con eso a frenar la contestación social y la posibilidad que se está abriendo de que se produzca un cambio real en el mapa político, que es lo único que puede salvarnos.
Cada vez que los grandes partidos pactan entre ellos a nosotros nos crujen. El último pacto público de calado que recuerde es aquel en el que se pusieron de acuerdo para constitucionalizar el déficit, es decir, para dar respaldo constitucional a hacer lo que ahora hacen. Se pusieron de acuerdo en dos minutos y no necesitaron publicidad ninguna. Pero la realidad es que los grandes partidos pactan todo el tiempo aunque no lo veamos o no lo comuniquen a la opinión pública. La realidad es que existe un pacto fundamental por repartirse el poder, por apoyar el bipartidismo y por mantener estas reglas de juego que les benefician y que son su hábitat político. El pacto que necesitamos es uno que rompa con lo conocido, con estas reglas de juego y se adentre en otros terrenos democráticos y nos dé esperanzas. Lo que necesitamos no es que pacten entre ellos, sino que pacten con nosotros. Y que no se equivoquen, ellos, los partidos, no son nosotros, no hay más que atender lo que dicen las encuestas. Así que sí, hace falta un pacto, un pacto constituyente que la izquierda firme con la ciudadanía y no con los culpables de esta monumental estafa. Que no nos vengan con cuentos.
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